Claves para seguir creciendo en 2026

Con la entrada del nuevo año, el tejido empresarial afronta un escenario marcado por la convergencia de transformaciones estructurales que ya definen la competitividad global. La presión regulatoria, la aceleración tecnológica y un mercado cada vez más volátil obligan a las compañías a reforzar sus capacidades estratégicas y operativas para avanzar con determinación en un contexto de cambio permanente. En este entorno, la anticipación, la inversión en innovación y la gestión del riesgo se consolidan como pilares imprescindibles para sostener el crecimiento. 

Al mismo tiempo, las organizaciones encaran un año decisivo para consolidar modelos de negocio más resilientes y orientados a la creación de valor a largo plazo. La transición hacia economías más digitales y sostenibles, junto con la necesidad de fortalecer la confianza de clientes, empleados y reguladores, exige a la alta dirección una agenda ambiciosa y bien articulada. 2026 se presenta, así, como una oportunidad para reforzar el liderazgo, profundizar en las palancas de eficiencia y avanzar hacia un futuro empresarial más robusto y competitivo. ¿Cómo hacerlo? Estas son nuestras nueve claves: 

Seguir creciendo para ganar competitividad  

Un nuevo orden internacional: riesgos, pero también oportunidades 

IA: de la experimentación a la integración  

Ciberseguridad: una nueva dimensión de la confianza 

Un reporting que responde a los cambios en el entorno 

Impulsar el talento del futuro rediseñando trabajo, skills y cultura en la era de la IA 

Cumplimiento normativo  

Aprovechar las oportunidades del mercado  

Apostar por una economía más sostenible  

El orden internacional surgido tras la II Guerra Mundial, basado en el multilateralismo y la eliminación de barreras comerciales parece haber llegado a su fin. Estamos asistiendo a la configuración de un nuevo modelo fragmentado en grandes bloques, en el que se priorizarán los acuerdos bilaterales y en el que cada potencia deberá poner en valor sus fortalezas para defender sus intereses y los de sus empresas y ciudadanos.  

La nueva política arancelaria (palabra de 2025 según FundéuRAE) de Estados Unidos, unida a su actuación en Venezuela en los últimos días, es una muestra evidente de los cambios que está experimentando el contexto global, en el que aumenta la competencia (y el proteccionismo) por las materias primas críticas, la tecnología o el talento. “Un entorno internacional más tensionado, genera nuevos riesgos que las empresas deben incorporar en sus mapas y estrategias. “La pandemia ya nos enseñó las consecuencias de la ruptura de las cadenas de suministro y la guerra de Ucrania, el impacto de la escasez de materias primas o el encarecimiento de la energía. En este nuevo entorno, se suman los retos asociados a una mayor fragmentación normativa, las ciberamenazas o los movimientos internacionales de personas”, explica Rafael Tejedor, socio de Gobierno, Riesgo y Cumplimiento de KPMG en España.  

Un entorno internacional más tensionado significa también más volatilidad y, por tanto, un mayor riesgo de desestabilización, al que las economías nacionales y las entidades financieras son sensibles. Ante el incremento de la incertidumbre global, el BCE ha anunciado que en 2026 llevará a cabo un test de estrés centrado en los riesgos geopolíticos. Este enfoque pone en evidencia no solo la necesidad de reaccionar a los eventos internacionales, sino también de gestionarlos de forma proactiva. “En sus estrategias, las entidades financieras deberán priorizar aquellas decisiones que impulsen su capacidad de anticipación, la generación de inteligencia geoestratégica y la gobernanza, no solo para prevenir y mitigar los riesgos geopolíticos, sino también para posicionarse frente a sus competidores”, comparte Francisco Pérez Bermejo, socio responsable del Sector Financiero de KPMG en España. 

 Y, sobre la necesidad de anticiparse y ser proactivo, la Unión Europea ha tomado nota. El nuevo contexto global le exige avanzar de forma decidida en su autonomía estratégica. Y con ese objetivo, la Comisión Europea anunció a principios de 2025 la Brújula para la Competitividad, una iniciativa que también persigue también reducir la brecha de productividad que el bloque comunitario mantiene con respecto a otras potencias como Estados Unidos o China. La Brújula para la Competitividad pone el foco en tres ámbitos: la innovación, la descarbonización y la seguridad. Sobre este último, Jorge Sainz, socio responsable de Industria, Defensa y Automoción de KPMG en España, destaca su efecto dinamizador. “La inversión en seguridad va a ser clave en la reindustrialización europea, ya que impulsa la innovación, el uso de tecnología disruptivas y el desarrollo de capacidades profesionales en otras actividades productivas. Además, hablamos de proyectos a medio y largo plazo, que requieren una inversión sostenida en el tiempo, por lo que sus efectos dinamizadores también lo serán”. 

Translate »
Scroll al inicio